Skip to main content

Full text of "COLECCIÓN DE CANTES FLAMENCOS ANTONIO MACHADO Y ÁLVAREZ DEMÓFILO 1881"

See other formats


Antonio Machado y Álvarez (1848-1893) 
Cantes Flamencos 


PRÓLOGO 

Completamente ajeno a todo propósito folklórico y mira cientifica, este libro 
ofrece una gallarda muestra de las condiciones artisticas del gran poeta 
anónimo. 

Colección escogida de "Cantes flamencos y cantares", sus elementos se encuentran 
diseminados en las conocidas colecciones de "Don Preciso", Fernán-Caballero, 
Lafuente Alcántara, "Demófilo" y Rodríguez Marin, que utilizó en su voluminosa 
obra, la más completa y cientifica de esta Índole de cuantas existen en España, 
los trabajos de sus predecesores. 

Con posterioridad a ésta, el señor Pérez Ballesteros ha reunido en su excelente 
"Cancionero" más de dos mil "copras" gallegas; 

Bertrán y Bros ha publicado las "Cansons" y "Folies" del pueblo catalán; 

Olavarría, en su "Folklore de Proaza", lindas coplas de Asturias; y en multitud 
de trabajos populares se han dado y siguen dando a conocer todos los días 
preciosas jotas, manchegas, pardicas, ruadas, zorcicos, corrandes, muiñeiras y 
cansons malllorquinas, de las cuales, según nuestras noticias, posee una 
riquísima colección inédita el docto bibliotecario de Barcelona Don Mariano 
Aguiló, quien publicándola prestaría a la nueva Ciencia, y especialmente a la 
Literatura popular, señalado servicio. 

De todos estos datos y otros muchos, que no cabe apuntar aquí, se desprende que 
el pueblo español, teniendo en cuenta el número de coplas que cada una de las 
regiones podría aportar a la masa común, dispone de un capital flotante que 
acaso no baje de cien mil canciones, capital que llegará a constituir, así lo 
espero, en plazo no lejano el "Cancionero popular español", que ha de ser 
resultante, de los cancioneros regionales, aún por desdicha no publicados todos. 

Mientras llega este día, que será verdaderamente célebre en los fastos de la 
Literatura española, conviene de vez en cuando tomar, si se me permite la frase, 
la espumadera de la crítica y recoger con ella la flor y nata de estas 
canciones, para solaz y recreo de las personas de buen gusto literario y 
estímulo de los que continúan su penosa y deslucida tarea de recolectar. 

Para la muy agradable de elegir, hecha posible por el oscuro y laborioso 
esfuerzo de los obreros del saber popular, para quienes todas, absolutamente 
todas las producciones del vulgo, tanto las bellas como las reputadas por más 
insignificantes y sin mérito son igualmente apreciables, nadie quizá, contra lo 
que ordinariamente se cree, menos a propósito de los folkloristas, y esto por 
dos razones, sumamente fáciles de entender al menos lince. 

Primera: 

que en fuerza de recoger coplas y de estimarlas todas, si bien cada una por 
distinto concepto, el folklorista se incapacita para distinguir las notas 
puramente estéticas de estas producciones, aconteciéndole algo parecido a lo que 
le pasa al devoto con sus santos, a saber: 

que en fuerza de manosear a éstos, transportarlos de un lugar a otro y 
sacudirles el polvo, llegan a familiarizarse con ellos hasta el punto de 
perderles el respeto; 

y segunda: 

que, no siendo meros motivos de belleza los que solicitan a los folkloristas 
para sus colecciones, el escoger unas coplas y el desechar otras constituye para 
ellos una especie de profanación, análoga a la que constituiría para el botánico 



que estudiase la flora de un país el elegir las rosas y jazmines, verbigracia, y 
desechar los ásperos y espinosos cardos y ortigas, con frecuencia más útiles 
para la industria que aquellas bellas y elegantes flores. 

Pero ¿quién es el autor de estas preciosas coplas, que es lo que interesa? 
-pregutarán los lectores de este libro. 

¿Que quién es el autor? 

Pues lo mismo lo sé yo que vosotros y que todos cuantos, así en el extranjero 
como en España, se han ocupado en la resolución de este grave asunto. 

El autor de estas coplas es Don X., a quien, para no pasar plaza de ignorantes, 
hemos convenido en llamar "Pueblo", como pudiéramos haberle puesto, por ejemplo, 
"Perico el de los Palotes". 

Mas Perico el de los Palotes, me objetaréis, no puede haber compuesto tantísima 
copla; la vida de un hombre no alcanza para tanto. 

Tenéis razón, lectores; pero vosotros no estáis todavía iniciados en los 
misterios profundos de nuestra sabiduría. 

Al decir autor, no quiero decir precisamente autor, sino autores, porque, como 
habréis sagazmente adivinado, todas las coplas de esta colección no son hijas de 
un mismo padre, sino de muchos, a los cuales, para satisfacer vuestro tenaz y, 
en mi opinión, un si es no es pueril empeño de darles un nombre, llamaré Juan 
Sánchez, Manuel Pérez, Dolores García y Josefa López, sin contar al "Filio", 
"Frasco el Colorao", "Curro Durse", "er Quiqui", Juana "la Sandita", "la 
Andonda", "Sirberio", Pepa "la Bochoca" y otra infinidad de poetas que, sin ser 
académicos de la Lengua ni personas de viso, son tan perfectamente conocidos en 
su casa a la hora de comer como lo fueron y son algunos de estos célebres 
"cantaores" por los aficionados a las "juergas" flamencas, que así se tiran una 
"jara", y se toman y se dan una "puñalá", y se cantan una seguidilla por "too lo 
jondo", y se beben diez bateas de cañas de a diez docenas cada una, apurando con 
cada batea su platito de aceitunas "moráas" y alcaparrones, como se "camelan" 
una "gachí" o se capean un toro, dándole una "estocá por too lo arto" en un 
decir Jesús o en menos que se persigna un cura loco. 

Tienen estos autores por profesión la de vivir: 

viven en su casa y de lo que comen, como cualquiera; y en punto al alma, la 
tienen en su "almario", ni más ni menos que el más encopetado y, a falta de 
laurel, emperejilado vate. 

A estos "cantaores" de profesión, que no sólo viven de lo que comen, sino de lo 
que cantan, han de unirse como autores, según he dicho, los infinitos Sánchez, 
Pérez y Garcías, que, así como los López, no son los Sánchez, Pérez o López que 
conocéis, sino "otros López", que en infinito número andan desparramados por 
esos mundos de Dios, arando, tejiendo, carpinteando, forjando, cosiendo, 
cavando, vareando aceituna y rompiéndose el alma de mil modos, y ajenos por 
completo a que sus cantos y "trinos" son luego motivo de estas disquisiciones 
filosóficas, vamos al decir. 

Entre estos autores, anónimos en fuerza de llamarse como se llama todo el mundo, 
hay autores y autoras, y toman parte ciertamente no menos Menganitas que 
Fulanitos, esto es, "hombrecillos", que "personas imaginarias", si son exactas 
las etimologías alemana y arábiga que a las palabras "Fulano" y "Mengano" 
atribuye la última edición del "Diccionario de la Lengua". 

Fulano, don Fulano, el señor don Fulano y la Excelentísima señora doña Mengana, 
el Ilustrísimo señor don Zutanejo y la Eminentísima señora doña Perenceja, quizá 
criada de servicio la una y aprendiz de barbero el otro, son más de uan vez los 
respetabilísimos autores y autoras de las coplas de este libro; coplas que nio 
conseguirían mejorar, ni aun sudando el "quilo", los que, al escribir versos y 



figuránose estar haciendo embuchados para la venta, estiran, estiran, estiran, y 
rellenan, rellenan, rellenan sus composiciones poéticas, olvidándose del 
precepto de que la mejor poesía es la que dice más en menos palabras, y ni más 
ni menos que si intentasen parodiar al chacinero que aspira a vender como 
"carne" lo que son "piltrafas". 

Esto, a la verdad, no acontece con las producciones del respetable vulgo, 
"vulgus" en latín, "volgo" en italiano, "volk" en alemán, "folk" en inglés. 

El poeta, ¡dale con el poeta!, los poetas y poetisas anónimos, no usan los 
ripios. 

La falta de ripios es una de las verdaderas notas características de la poesía 
popular: 

el ripio es un primor que el pueblo desconoce: 

en "tesis general", puede asegurarse que copla, "soleá", o seguidilla que tenga 
ripio, no la ha hecho el pueblo; 

ningún Juan Sánchez ni Dolores Fernández, ningún Zutanillo ni Menganilla alguna, 
dicen cantando lo que no es necesario para la expresión de sus sencillos 
sentimientos: 

cuando les duele se quejan, y cuando se alegran ríen, sin meterse jamás a 
esmaltar sus risas o sus lágrimas con adornos postizos. 

Fulanilla y Menganillo, autores de la copla que comienza: 

No canto por que me escuchen 
ni para lucir la voz. 

no comprenden en su simplicidad esa costumbre jeremiaca de los líricos malos de 
meternos el corazón en un puño, contándonos sus muchas veces sólo pretendidas 
cuitas; 

así que cantan, creyéndoselo por lo visto de muy buena fe: 

Todo aquel que dice ¡ay! 
es señal que le ha dolío. 

Juan y María no comprenden tampoco que pueda convertirse en motivo de lucro el 
cantar uno sus penas, ni mucho menos en motivo de recrer a un público 
determinado. 

Cuando canta, por ejemplo: 

Blanquita como la nieve, 

¡qué lástima de gachí, 
que otro gachó se la lleve!, 

le tiene completamente sin cuidado que todos los académicos, literatos o 
literatas, críticos o criticonas del mundo, desenvainen la pluma y decidan, como 
en última instancia y sin apelación, que tales producciones son feas o bonitas. 

Las coplas populares no están hechas para "venderse", ni aun para "escribirse"; 
por lo tanto, es imposible juzgarlas bien no oyéndolas cantar, toda vez que no 
sólo la música, sino el tono emocional, les da una significación, una expresión 
y un alcance que meramente escritas no pueden tener. 

Una misma palabra dicha con diferente "tono emocional" significa, lo mismo para 
un niño que para un perro, una cosa completamente distinta. 

No es que la copla se pone en música como se puede poner en música una oda: 
es que la copla, verdaderamente real y espontánea, cuando nace, nace ella misma 



cantándose", si vale expresarme así. 


Una copla escrita, es una copla estropeada; es como un naranjo nacido en Sevilla 
y transportado a Madrid, en cuyo clima apenas se puede vivir de otro modo que 
como planta de estufa. 

La copla no es como el romance de ciego, en que se escribe ya para dar gusto a 
un público y sacarle los cuartos. 

Por esta razón, desde el punto de vista afectivo, la copla popular o anónima es 
superior, casi siempre, a la hecha por el erudito. 

La espontaneidad y la sencillez son notas características de estas producciones. 

En ellas se muestra el alma, ruda y agreste si queréis, pero virgen: 

"l 1 anima non sofisticata d'al vero", que dice el indigne Pitré: 

el alma no adulterada ni enmascarada se muestra en las coplas populares, sin 
convencionalismos ni caretas que la desnaturalicen nui disfracen. 

El pueblo en sus Coplas jamás finge ni miente 

(exagerar no es mentir, porque es una modalidad de la fantasía). 

Por eso no vacila en decir: 

Tu mare forforiyera, 
y tu pare esquilaperros, 

¡vaya una gente fulera! 

El pueblo es ingenuo como el niño, que, sin conocer las convenciones sociales, 
pide el objeto que ve y se le antoja, y llama fastidiosa a la persona que se lo 
parece, muy a despecho de los finísimos y atribulados padres que, sin meterse a 
distinguir de edades, quieren tragarse con la vista al angelito al ver que no 
miente todavía con el aplomo que ellos. 

La intensidad con que los hombres del pueblo sienten el reducido número de 
afectos y de ideas con que hacen su vida, y el carácter, aunque empírico, 
verdaderamente real y no abstracto, de sus escasos conocimientos, da a sus 
producciones un vigor extraordinario y gran propiedad sobriedad a los términos 
de ellas. 

Procuraré explicarme. 

El hombre y la mujer del pueblo son, como los que pertenecen a clases más 
cultas, propietarios; pero sus predios, en vez de tener miles de aranzadas como 
los de aquéllos, tienen sólo muy pocas fanegas de tierra; 

y como, además, la necesidad les obliga a cultivarlos por sí mismos, conocen más 
a fondo las condiciones de las plantas y flores de su pequeña heredad y las 
aprovechan mejor que los grandes terratenientes. 

Así, por ejemplo, como fulanito no conoce, ni entiende, ni maneja más que el 
español, es con frecuencia (porque a la fuerza ahorcan) más castizo que el que 
sabe su poquito de inglés, de alemán, de francés, de griego, de latín, de árabe, 
de hebreo, y aun su mijita de tagalo si es preciso. 

De aquí que Fulano y Mengano y Zutano hayan sido y sean considerados, no sólo en 
España y ahora, sino en todos los tiempos y en todos los pueblos del mundo, los 
grandes factores de la lengua, que es antes para hablar que para "escribir", 
siendo hoy sobre las lenguas habladas y no sobre las lenguas escritas, empleadas 
sólo como medio supletorio, 

sobre las que la Filología hace sus más serios trabajos y mejores conquistas. 

La Gramática no es, como dice un célebre autor inglés, el conjunto de reglas 
convencionales y fijadas dictatorialmente luego por una corporación, por alta 
que sea, sino la resultante del esfuerzo de "todos los pueblos y de todos los 
hombres", para comunicar de una manera propia y adecuada sus ideas y 
sentimientos. 



El acertado empleo de las imágenes y comparaciones es, en estas coplas, prenda 
que da a éstas verdadero realce y "originalidad", porque esta dificil condición 
no se adquiere buscando lo exótico y estrafalario, sino cultivando y 
desenvolviendo lo que cada individuo y cada cosa tienen de propio. 

Poseen también las coplas populares, cuyas notas distintivas no cabe enumerar 
aqui una condición de gran precio, a saber: 

que el molde de ellas es tan amplio, vago e indeterminado, que basta la más leve 
modificación de un relativo, de un tiempo, de un nombre, de un articulo, muchas 
veces de una sola letra, para hacerlas adaptables a los casos y cosas más 
diferentes, habiendo algunas de tan natural y al mismo tiempo delicado 
artificio, quye pueden pasar a expresar, con breves modificaciones, los más 
contrarios afectos y situaciones del ánimo. 

En este punto creo aplicable a la poesía el mismo criterio que a los idiomas, 
cuya riqueza más consiste en tener palabras que se presten a expresar muchas 
relaciones diferentes, que en poseer vocablos que signifiquen una cosa 
determinada hasta su último extremo. 

La existencia del verbo "to become", "el devenir" francés, da, a mi juiciom 
mucha mayor riqueza al idioma inglés que la que podría dar sánscrito, por 
ejemplo, el tener una palabra de veintitantas sílabas que significase "el que 
tiene veintinueve pelos y medio en la ventanilla izquierda de la nariz". 

Pues bien: 

esta indeterminación de las coplas populares, y el prestarse, por tanto, a 
diversos comentarios, lejos de ser un defecto de tales producciones, es una 
condición que las abrillanta, y los poetas eruditos, en mi opinión, no perderían 
el tiempo en estudiarlas como gérmenes de poesías más complejas, si la misión 
del poeta culto es, como creo, no la de censurar, ni aun la de imitar, sino la 
de enaltecer las producciones de la muchedumbre. 

Mientras esto acontece, leed y releed esta preciosa colección de cantes, coplas 
y cantares, y si alguien cree, quizá, poner una pica en Flandes porque sabe que 
tal o cual de ellas es obra de un poeta tan ilustre como "Cavila", "Mira-al- 
Cielo" o "Filipichi", contestadle que la de más arriba o la de más abajo es de 
Juan Sánchez o de Dolores Pérez, de tía María "la Mica" o del "Pelao de Utrera", 
y que, si los poetas eruditos hacen coplas "completamente iguales" a las del 
pueblo, esto sólo puede indicar que también ellos son "del pueblo", sin otra 
diferencia que la de la cola o el apellido. 

Por lo demás, muchas de las coplas que tenéis a la vista, no se han elegido 
tanto por sus condiciones de belleza como por su carácter "flamenco", cualidad 
tan difícilo de definir como fácil de apreciar por los inteligentes que 
comprenden todo el alcance del estribillo de la copla de "Panaeros", que dice: 

Pa tené grasia 
sa menesté reuní 
muchas sircunstansias; 

circunstancia que, por desdicha, no reúne el prologuista de esta colección, 
destinada sólo a proporcionar un buen rato a los aficionados al género, y, 
cuando más, un motivo de pensamiento a los aficionados al estudio de la 
Literatura popular, hoy tan en boga en todos los pueblos cultos. 


ANTONIO MACHADO Y ÁLVAREZ 





SOLEARES 


Er queré quita er sentío: 
lo igo por esperiensia, 
porque a mí ma suseío. 

Anda y no presumas tanto, 
que otras mejores que tú 
se quean pa bestí santos. 

Dises que me quieres mucho; 
puesto que tanto me quieres, 
no me des tantos disgustos. 

Cuando ebajito er puente 
acuérdate que esías: 

"Espera, que biene gente." 

A los árboles blandeo, 
a un toro brabo lo amanso, 
y a ti, flamenca, no pueo. 

¡Ay, probe corasón mío! 

Por más gorpes que resibe 
nunca se da por bensío. 

Chiquiyo, no me la mientes; 
que como la quiero tanto, 
fatigas me dan de muerte. 

Anda que te den un tiro, 
que te jases mu persona 
y a la cara no te miro. 

Por dinero no lo jagas; 
yébame a una jerrería 
y échame un jierro en la cara. 

No bayas a la Vitoria, 
no sarga un santo y te quite 
mi queré e la memoria. 

Esa flamenquiya perra 
me tiene comprometió, 
que quiere que yo la quiera. 

Der sielo vengan fatigas; 
yo por la caye no yoro, 
porque la gente no diga. 

Chiquiya, bente conmigo, 
que no te fartará náa... 
para andar encueros bibos. 

Dises que no me puées be: 
la cara t'amariyea 
de la fuersa der queré. 

Quiéreme como te quiero; 
luego me berás morí 
como Cristo en er maero. 



Abujitas y arfileres 
le clabaran a mi nobia 
cuando la yamo y no biene. 

A mí se me da mu poco 
que er pájaro en la lamea 
se múe de un árbo a otro. 

Deja que la gente diga; 
en queriéndonos los dos, 
pase la gente fatiga. 

¿Amariya y con ojeras?... 

No le preguntes qué tiene; 
que está queriendo e beras. 

Cuando yo me esté muriendo, 

arrímate tú a mi cama, 

que siempre t 1 estoy queriendo. 

A serbir al rey me boy, 
y er biento que da en tu puerta 
son los suspiros que doy. 

Bien sabes que te he querío, 
pero me ha dicho mi mare 
que bergüensa no he tenío. 

Buenos consejos te di, 
no los quisiste tomá, 
quéjate a tu mar bibí. 

Arrímate a mi queré, 
como las salamanquesas 
s'arriman a la paré. 

Anda y que te den un tiro... 
con pórbora e mis ojos 
y balas e mis suspiros. 

Cuando te bi en la cama, 
a mi corasón de ducas 
se le cayeron las alas. 

Anda y no presumas más: 

Si t 1 has e tirá ar poso, 

¿pa qué miras er brocá? 

Corre a la ilesia y confiesa: 
que tú tiene en este mundo 
mir cositas malas jechas. 

Compañera, si me muero, 
la casiya e los locos 
ha e sé tu paraero. 

Cuando por la caye bas, 
tienes carita e santo 
y partías e charrán. 

Con er jaleo y el ole, 
las muchachas de hoy en día 
se lo isen a los hombres. 



Anda a un rico que te dé; 
y si el rico no te da, 
ben acá, yo te daré. 

De pena me estoy muriendo, 
al ber que en el mundo bibes 
y ya para mi t'has muerto. 

Chiquiya, ¡balientemente 
dejaste tú mi queré 
por er desi de la gente! 

Cuando yo te quise a ti, 
se cuajaron los rosales 
e rosa e pitiminí. 

Bien me lo esia mi mare: 
Cabrita que tira ar monte 
no hay cabrero que la guarde 

Anda vete a la lamea, 
que e noche pasa too; 
jasta la farsa monea. 

¡A mi te quiés compará, 
siendo de tóos los metales 
y yo de un solo metá?... 

¡Blanquita como la niebe! 
¡Qué lástima de gachi, 
que otro gachó se la yebe!, 

Al hombre que está queriendo 
jasta e noche en la cama 
er queré le quita er sueño. 

Cuando más a gusto estaba, 
m'apartaron e tu bera 
por una persona mala. 

Dises que soy mar gachó, 
siendo yo más jitanillo 
que las costillas e Dios. 

Anda, que ya no te quiero; 
que de tu bia y milagros 
malos informes me dieron. 

¿Dónde m'arrimaré yo, 
si no hay un pecho er mundo 
que quiera darme caló? 

Chiquiya, tú eres mu loca: 
eres como las campanas, 
que toito er mundo las toca. 

De mi vera tú te fuiste, 
y a las beinticuatro horitas 
er daño reconociste. 

Dios mío, ¿que será esto? 

Sin frío ni calentura, 
yo me estoy cayendo muerto. 



Cuando más yo te quería, 
me presisó el orbiarte, 
porque si no me moría. 

Disen que no bales ná; 
cuando a mi bera te tengo 
bales tú un grande caudá. 

De tu bera no m'aparto, 
aunque a puñalás me maten 
y me yeben entre cuatro. 

Anda a la ilesia y confiesa; 
que te quiten los muñecos 
que tienes en la cabesa. 

Dile a tu mare que caye; 
que te tengo tapaíta 
una fartita mu grande. 

Chiquiya, ¡cómo m'has puesto! 
Con un arfilé de a chabo 
se puée pasá me mi cuerpo. 

Cuando paso por tu puerta, 
te reso un Abe-María, 
como si estubieras muerta. 

De yorá tengo canales, 
en ber que por ti he perdió 
a mi pare y a mi mare. 

Disen que no hay caras buenas 
que miren la e mi dueño, 
que ninguna es como eya. 

Er dinero es un mareo: 
aquer que tiene parné 
es bonito, aunque sea feo. 

Entre la hija y la mare 
están echando unas cuentas, 
las mismas que no le salen. 

Este queré de nosotros 
ha de meté mas ruío 
que un día e terremoto. 

Por cogé la sarsamora 

me clabaíto una espina 

que hasta er corasón me yora. 

Er queré que me mostrabas 

ere porbito y arena 

que el aire se los yebaba. 

En una cueba me entré, 
salí sacudiendo er porbo, 
y eso fue lo que saqué. 

Esa chiquiya la quiero, 
que se yeba e su gusto; 
no se yeba der dinero. 



Cuando baya en busca tuya, 
los ojitos se me sartén 
como granitos e ubas. 

En la esquinita te espero; 
chiquilla, como no bengas, 
aonde te encuentre te pego. 

De que quieras, de que no, 
tú entrará en er caminito, 
porque te lo mando yo. 

Cuando te beo beni, 
son jachares pa mi bata 
y alegria para mi. 

En er simenterio entré, 
lebanté una losa negra, 
me encontré con tu queré. 

Has e beni a buscarme 
con el corasón partió, 
yorando gotas e sangre. 

Es tu queré como er biento, 
y el mió como la piera, 
que no tiene movimiento. 

Esiendo e buena sepa; 
no quiero que por mi causa 
ninguna serrana pierda. 

Hijito e mala mare: 

¿Te acuerda cuando islas, 
no te orbiaré por naide? 

Esto es público y notorio: 
er dia que no te beo, 
jablo por la calle solo. 

Flamenquiya, ¿qué dirías 
si yo jisiera contigo 
esas malitas partías? 

Jarme con los ojos señas; 
que en argunas ocasiones 
los ojos sirben e lengua. 

Le ijo er Tiempo ar queré: 

Esa soberbia que tienes 
yo te la castigaré. 

Has e bibi con la pena 

que no has de querer a naide 

y yo he queré a quien quiera. 

Los ojillos e tu cara, 
tan bonitos son e noche 
como son por la mañana. 

Lo que tú has jecho conmigo, 
no lo pagas hecho cuartos 
y puesto por los caminos. 



Flamenca, cuando te mueras, 
la lápida la retraten 
con sangresita e mis benas. 

La mare que te parió 
se merece una corona, 
y tú te mereses dos. 

Las fatigas de un Dibé, 
subi por una escalera 
y abajá por un cordé. 

Mia qué castigo has tenio; 
yo he jecho burla e ti 
y tú no lo has conosio. 

La berdá, me da coraje: 
que la quiera ojo la quiera, 
eso ¿qué le importa a naide? 

Muertesita la encontré; 
como la bi tan bonita, 
la carita le tapé. 

Mar tiro le den que muera 
a aquer que tubo la curpa 
de que yo t'aborresiera. 

Me boy por la calle arriba; 
en hiendo lo que yo quiero, 
der sielo bengan fatigas. 

Mira qué tonta es la gente, 
que toíto lo que nos pasa 
quiere que yo se lo cuente. 

En un cuartito los dos, 
beneno que tú me dieras, 
beneno tomara yo. 

Mira que mala es mi mare; 
porque t 1 estoy manteniendo 
me echa la ropa a la caye. 

No m'acuerdo si te quise; 
lo que m'acuerdo, serrana, 
der mar pago que me diste. 

Mia que güeñas partias: 
ando pidiendo limosna 
pa tenerte mantenia. 

Me tengo e dir a bibi 
aonde disen que se gana 
la gloria antes e mori. 

Me fartaron los testigos: 
Señó, yo no la he robao; 
eya se bino conmigo. 

Meresia esa serrana 

que la fundieran de nuebo, 

como funden las campanas. 



No te pongas colorá; 
que en er mejó paño cae 
una mancha sin pensá. 

Mira si soy buen jitano, 
que cuatro reales te doy 
de cuatro y medio que gano. 

Nenita, yébame al güerto 

y dame unos paseitos, 

que me estoy cayendo muerto. 

Por la leche que mamé, 
me da vergüenza er mirarte, 
y a ti te dará también. 

No igas que m'has querio; 
di que has querio a una piera 
y en er mar s'ha sumergió. 

Ná quiero que me des tú; 
de tu santo yo no quiero 
ni tampoco la salú. 

No siento en er mundo más 
que tengas tan mar sonio, 
siendo de tan güen metá. 

Mira lo que andan jablando; 
sin tené naita contigo, 
la bia m'están quitando. 

No pierdas las esperansas 
jasta que me veas pasá 
entre cuatro por tu casa. 

Pensaste tené alegría, 
y estás bibiendo en er mundo 
de la gente aborresia. 

No me mire usté a la cara, 
que me da mucha bergüensa 
de lo que la gente jabla. 

Por buscarte a ti el alibio 
mira la causa por donde 
no me conosco yo mismo. 

Premita Dios que te beas 
sacando agüita e un poso, 
y con er cubo no pueas. 

No te quiero por la ropa, 
te quiero por tus partías, 
que me están gorbiendo loca. 

¿Qué quieres que yo le jaga? 
Una pena sin alibio 
sólo la muerte la acaba. 

Ponte aonde yo te bea; 
le daré gusto a mis ojos, 
ya que otra cosa no sea. 



Que te quiero bien lo sabes, 
pero no lo comunico 
ni contigo ni con naide. 

Quitate e mi presensia, 

no te baya a suseé 

lo que er demonio no piensa. 

¿Para qué tanto yobé?... 

Los ojitos tengo secos 
de sembrá y no cogé. 

Por ber a mi mare diera 

un deiyo de la mano, 

er que más farta me hisiera. 

Por Dios, que no lo creia; 
que de antes estabas tonta 
y ahora estás loca perdía. 

Que conbenga o no conbenga, 
el hombre para queré 
no ha e tené mala lengua. 

No me iga osté bonita, 
que mi marío es seloso; 
la sangre me tiene frita. 

Por lo que yo boy mirando, 
si no has tiraíyo pieras, 
poquito te va fartando. 

¿Qué quieres que yo le jaga? 

Ya no puée ser er cuerbo 
más negro que son las alas. 

No igas que no me quieres; 

no me pongas de manera 

que hasta der sielo reniegue. 

¿Qué quieres tú e mi cuerpo? 
¿Quiere que te dé mi sangre, 
y me quée sin alimento? 

¡Qué lástima será er be 
la gachí que uno camela 
camelando a otro gaché! 

¡Qué grande es la pena mía, 
que me he caío en un poso 
y no encuentro la salía! 

¿Qué quieres tú que yo tenga? 
Que te busco y no te encuentro 
me ajoga la pena negra. 

¿Qué por lo que quieras pase?. 
He repasaíto mis libros; 
me tiene cuenta dejarte. 

No me bengas con belenes, 
que me pones la cabesa 
como molino que muele. 



¡Quién lo había e desí, 
que una cosita tan durse 
tubiera amarguito er fin! 

Que se pique e cangrena 
la boca con que me riñes, 
la mano con que me pegas. 

¿Qué más quieres que te iga, 
si er corasón por la boca 
se me sale e fatiga? 

No yores, que es tontería; 
nunca pasé yo una pena 
mientras mi mare bibía. 

Quisiera que te emplearas 
con otra mejó que yo 
y de mí no t 1 acordaras. 

Anda que te den un tiro; 
nunca yuebe como truena; 
con esa esperansa bibo. 

Yo no sé lo que me pasa 
cuando me acuesto contigo 
y me píes pa la plasa. 

Serrana, ensiende una lú, 
que traigo una sacramenta 
que a Dios le yamo e tú. 

Soleá del alma mía, 
tanto te quiero e noche 
como te quiero e día. 

Esa mujé está sembrá; 
ba erramando mosquetas 
por donde quiera que ba. 

Siéntate y ponte a pensá 
las horitas que has gastao 
en jaserme charranás. 

Estaba siego y no bía: 
ya se me cayó la benda 
que tan siego me tenía. 

Si no te bienes conmigo, 
jaste cuenta que has cobrao 
en la tierra un enemigo. 

Esa serraniya perra 
me está jasiendo pasá 
er purgatorio en la tierra. 

¿Sabe a lo que m'atermino? 

A ejá mi pare y mi mare 
y a guiyámelas contigo. 

Siempre te lo estoy dijendo, 
que no me mande papeles, 
y tú siempre está escribiendo. 



Se lo ije a mi mamá; 

que me meta en el hespisio, 

que no quieo yo trabajé. 

Si m'has e da malos ratos, 
más bale que m'aborrescas 
y que no me quieras tanto. 

Si er queré que puse en ti 
lo hubiera puesto en un perro, 
se biniera etrás e mi. 

Si tú tubieras bergüensa, 
no pasaras ni miraras 
los umbrales e mi puerta. 

La noche del aguacero, 
dime: ¿con quién te tapaste 
que no te mojaste el pelo? 

Si es que osté escribe, yo no; 
lo que s'escribe quea siempre, 
y lo que se jabla no. 

Te bas y me ejas perdía, 
pero no de toito el mundo: 
de tu lengua mardesía. 

Tengo yo un doló contino; 
que igo que no te quiero 
y e noche sueño contigo. 

Tanto como yo te quería, 
y ahora no te pueo be 
por tu lengua mardesia. 

Tú te tienes e queá 
señalando con el deo 
como se queó San Juan. 

Tu queré y mi queré, 
aunque lo rieguen con yanto 
no puée prebaleser. 

Tu cuerpo tenga mar fin; 
los cordeles er berdugo 
te sirban e corbatín. 

Tengo yo un cañaberá, 
mientras más cañas le corto 
más me quean que cortá. 

Te den un tiro y te maten 
como sepa que diviertes 
a otro gaché con tu cante. 

Te pones por las esquinas; 
como sabes que te quiero 
me jases pasá fatigas. 

Tu mare no me quié a mi; 
tu mare quiée a la reina; 
baya por ella a Madri. 



Tu queré es como er dinero: 
anada e duana en duana 
jasta que le echan er seyo. 

Te lo juro por mi mare, 
que si tú caes malita 
te doy cardo e mis carnes. 

Tu queré lo pongo en dúa, 
que tú me vienes jasiendo 
las aparensias e Júa. 

Tienes mucha fantesia; 
paese que tú has pisao 
la fió e la tontería. 

Te den una puñalá: 
pero no, detente lengua, 
que la quiero rigulá. 

Tengo yo para un sujeto 
la cajita y los blandones, 
sirios y acompañamiento. 

Tú me tienes consumía, 
como las salamanquesas 
por los rincones metía. 

Te den una puñalá; 

too er mundo e ti consigue, 

yo no pueo conseguí ná. 

Te quiero como si fueras 
hija e un corregió, 
siendo probe sigarrera. 

¡Tu queré cómo m'ha puesto, 
que con un aguaman! 
me están dando el alimento! 

Tengo yo un poso en mi casa, 

y yo me muero e sé 

poique la soga no arcansa. 

Te lo he icho barias beses, 
que me he he portao contigo 
mejó que tú te mereses. 

Tengo más poé que Dios 
poique Dios no te perdona 
lo que t'é perdonao yo. 

Toa la noche sin dormí 
sentaíyo en mi petate 
y acordándome e ti. 

Tiro er dinero mil beses; 
el hombre que está queriendo 
jasta er dinero ahórrese. 

Tu cuerpo es una custodia, 
toíto yeno e escalones 
para subí a la gloria. 



Tengo una estampa en er pecho; 
cuando m'acuerdo e ti, 
saco la estampa y la beso. 

Te den una puñalá 

que er Pare Santo e Roma 

no te la puea curá. 

Una nochesita e luna 
he bisto ar seporturero 
cabando mi seportura. 

Ven acá, mujé, no jabíes, 
que has tenío nueve meses 
dentro e tu cuerpo mi sangre. 

Vente conmigo y jaremos 
una chosita en er campo 
y en eya nos meteremos. 

Vas pagando lo que debes: 
por tus chunguitas partías 
naide en er mundo te quiere. 

Voy como si fuera preso; 
etrás camina mi sombra, 
elante mi pensamiento. 

Vente conmigo a mi casa, 
que yo le diré a mi mare 
que eres la Birgen e Grasia. 

Vente conmigo a la buena 
y entre los dos pasaremos 
las fatigas y las penas. 

Valientemente, serrana, 
muaste e paresé 
e la noche a la mañana. 

Vente conmigo a un parmá, 
yo te cogeré parmitos 
y tú te los comerás. 

Voy a pagá lo que debo 
dentro e la seportura 
te tengo e estar queriendo. 

Ven acá, farso cariño, 

¿te acuerdas cuando yorabas 
por mi queré como un niño? 

Yo m'aparto e tu bera, 

poique aquer que a muchas quiere 

no puée tené firmesa. 

Yo me boy a gorbé loco, 
porque una biña que tengo 
la está bendimiando otro. 

Ya mi cuerpo no cae en cama; 
siempre estoy con el oio, 

Por be si a mi puerta yaman. 



Yo m'arrimé a la paré; 
me cayó tierra en los ojos; 
por mi mano me segué. 

Yo no siento que te bayas, 
lo que siento es que te yebes 
sangre mia en tus entrañas. 

Ya te lo he dicho, Maria, 
que en la casa e los probes 
dura poco la alegría. 

Yo soy loquito en queriendo, 
y en yegando a aborresé 
de tu santo no m'acuerdo. 

Yo se lo pei a Jesú, 

que por su muerte y pasión 

me yebe aonde estás tú. 

Ya no te jablo en mi bia; 
con eso tú acabarás 
de jasé charranerías. 

Yámame a un jues que me prenda 
y que me jeche a un presiyo, 
que mi queré no tiee rienda. 

Yo metí a la lotería, 
m'ha tocao tu persona, 
que era lo que yo quería. 

Ven acá, serrana triste; 
lo que has ganao con otro 
ya conmigo lo perdiste. 

Cuando boy a confesá, 
digo lo que me paese; 
nunca digo la verdá. 

Yo bibo con 1'alegría 

que tu ropa y tu persona 

con er tiempo han de ser mías. 

No quiero que me des ná, 
sino que bengas a berme 
siempre que que tengas lugá. 

Er que quiere y luego orbía, 
o tiene mardita sangre, 
o la bergúensa perdía. 

Dise'r mundo y es verdá: 
la mujer que quiere a un hombre 
jasta el corasón le da. 

Er que no tiene parné, 
jasta las picaras moscas 
se quieren jiñar en él. 

Se murió la madre mía: 

ya no hay en er mundo madres: 

¡Madre, la que yo tenía! 



Benga bino por boteyas; 
aquí se quea mi capa: 
mi nobia bendrá por eya. 

¡Esto sí qu'está gitano! 

Que yo t'esté manteniendo 
y otro t'esté camelando. 

La mardesía e tu mare 
te quiere meté a monja... 
en un convento de frailes. 

Por Dios, que no me deshonres; 

que no es delito ninguno 

que una mujer quiera a un hombre. 

Ya no me jabla'n la caye; 
en mí se cumplió er refián: 

Tanto tienes, tanto bales. 

Cuando en la caye t'encuentro, 
te jago la seremonia, 
como si estubieras muerto. 

Yo te lo tengo jurao: 
dondequiera que t'encuentre 
tiene'1 entierro pagao. 

Anda, hete, esaboría; 

qu'er renglón qu'a ti te farta 

lo tiene la letanía. 

Ya se me murió mi mare; 

una camisa que tengo 

no encuentro quien me la labe. 

Yo te quiero más que a Dios: 
¡Jesús, qué palabra he dicho! 
Meresco la Inquisisión. 

Yo te igo la berdá: 
si Sebiya fuera mía 
yo te diera la mitá. 

Anda bete, flamencona; 
que no tienes tú la cara 
de dormir de noche sola. 

Siéntate a la bera mía; 
con esto tendrá mi cuerpo 
un ratiyo d'alegría. 

Ya te se logró a ti er gusto, 
que era berme por la caye 
bestia e negro luto. 

Yo me quisiera morí, 
por ber si se m'acababan 
estos delirios por ti. 

Anda, loca, y ten talento; 
qu'estás oliendo a pañales, 
y ya quieres casamiento. 



Chiquillo, no me la mientes; 
mira que boy a tomá 
pórbora con aguardiente. 

¡Hijito e mala mare, 
criaito en malas tripas, 
regüerto en malos pañales! 

Tengo yo mi corasón 
moraito como er lirio, 
negrito como er carbón. 

Yo no quiero bibi más; 
ábrase la seportura; 
bibo me quio yo enterrá. 

Cuando me siento en la cama, 
lágrimas como garbansos 
me se ruean por la cara. 

Er dia que perdites, 
eran mis ojos dos mares 
cuando la esparda gorbites. 

A yorá yo me ponía, 
por be si con mi yantito 
e mí te condolesías. 

Anda bete e mi bera, 
que tienes tú para mí 
sombra e jiguera negra. 

Naide me tenga doló; 

que yo por mis propias baes 

m'he buscao mi perdisión. 

Compañerita del arma, 
si tú tienes compromiso, 

¿por qué no me esengañas? 

¡Esto sí qu'es cosa grande! 
Tirar chinitas al agua 
y sartar gotas e sangre. 

Anda bete, que no quiero 

a esoras e la noche 

darle un cuarto ar pregonero. 

Tu mare forforiyera, 
y tu pare esquilaperros, 

¡baya una gente fulera! 



SEGUIRIYAS GITANAS 


Cuando yo me muera 

mira que te encargo 

que con la sinta e tu pelo negro 

m'amarren las manos. 

Por esos munditos 
me yaman er loco; 
ar que tiene la curpa e mis males 
yo bien lo conosco. 

Compañera mía, 
mira por quererte, 
cómo me beo aborresiíto 
de toíta mi gente. 

No soy d'esta tierra 
ni en eya nasí: 
la fortuniya, roando, roando, 
m'ha traío hasta aquí. 

Maresita mía, 

¡qué güeña gitana! 

De un peasito e pan que tenía 
la mitá me daba. 

Yo no sé por dónde 
ni por dónde no, 

se me ha liao esta soguita al cuerpo 
sin saberlo yo. 

No tengas selitos 
ni pases fatigas, 

compañera mía, que no quiero á naide 
mientras tú me bibas. 

¡Malhaya er dinero, 

que er dinero es causa 

que los sacáis de quien yo camelo 

no estén en mi casa! 

Porque yo me naje 

no sientas ni yores, 

que ése es er pago, compañera mía, 

que damos los hombres. 

Subí a la muraya 
me respondió er biento: 

¿Pa qué bienen tantos suspiritos 
si ya no hay remedio? 

M 1 asomé a la puerta 
por be si benía 

la compañera e las mis entrañas, 
e buscá la bía. 

Ime con quién andas 

te iré quién eres; 

como tú anda con malas presonas, 

malito tú eres. 



Maresita mía, 
yo no sé por dónde 
al espejito donde me miraba 
se le fue el asogue. 

Le ije a la luna 

del artito sielo, 

que me yebara siquiera por horas 

con mi compañero. 

Un día por berte, 
inero yo daba; 

compañerita, ahora por no berte 
güerbo yo la cara. 

Jerío e muerte, 
calo en er suelo, 

que Dios se lo pague á los sordaítos 
que m'arrecogieron. 

A la muerte yamo, 
no quiere bení; 

que hasta la muerte tiene, compañera, 
lástima e mí. 

Ar venir er día 

yegan mis tormentos; 

pero en yegando á las orasiones 

recobro el aliento. 

Maresita mía, 
ígaselo osté; 

que tan siquiea una horita ar día 
que me benga a be. 

Aqueya mañana 

que me lo ijeron, 

yo reniego e cuantos santos tiene 

la tierra y er sielo. 

Ar campito solo 
me boy a yorá; 

como tengo yena e penas el arma 
busco soleá. 

Anda, compañera, 
permitan los sielos 

que con er cuchiyo que matarme quieres 
mueras tú primero. 

Delante e mi mare 
no me yores más, 

porque me anaqueran mu chunguitamente 
cuando tú te bas. 

Ar subí la escala, 

le ijo ar berdugo, 

que le quitara la túnica blanca, 

lo pusiea e luto. 

Dises que no sientes 
un apartamento; 

como apartá para siempre el arma 
se bea e tu cuerpo. 



De cosas pasáas 
no quieo yo acordarme; 
porque me yora mi corasonsito 
gotitas e sangre. 

De tu pelo rubio 
dame tú un cabeyo, 
pa jaserme una caeniya 
y echármela ar cueyo. 

Tú no duermes sola; 

mientes como hay Dios; 

con er pensamiento, compañera mia, 

dormimos los dos. 

No sarga la luna 

que no tiée pa qué; 

con los ojitos e mi compañera 

yo m'alumbraré. 

Compañera mía, 

no me des más penas, 

que yo seré un esclabito tuyo 

jasta que me muera. 

Nochesita oscura 
me dio Dios baló, 
pa yebarme á mi compañerita 
jasta er panteón. 

Oriyas der río 
sus penas yoraba; 

como eran dos fuentes sus ojitos negros 
crecieron las aguas. 

Por una bentana 

que ar campo salía, 

por ayí jablaba con mi compañera 

cuando yo quería. 

Como la tortolita 
te andube buscando, 
compañerita, e olibo en olibo, 
e ramito en ramo. 

Obejitas blancas, 
y er praíto berde; 
er pastorcito, mare, que las guarda 
e ducas se muere. 

Con penas m'acuesto 

con más m'alebanto; 

la curpa la tiene mi compañerita, 

por quererla tanto. 

Corasón e fiera 
tiene esta mujé; 

como m'ha bisto malito en la cama 
no me biene a be. 

Cuando biene er día 

tengo argún consuelo; 

pero en yegando a la nochesita 



siego yo y no beo. 

Doblen las campanas, 

doblen con doló; 

que s'ha muerto la mi compañera 

e mi corasón. 

Er yunque y martiyo 

rompen los metales; 

er juramento que yo á ti t 1 ha jecho 

no lo rompe naide. 

Er reló e la Audensia 
acaba e da: 

como le ije a mi compañera, 
me ban a merá. 

Campanita e plata, 
mira que no quiero 
e que se sepa, compañera mia, 
lo que nos queremos. 

En el hospitá, 

a mano erecha, 

ayí tenia la mare e mi arma 

la camita jecha. 

Hijo e mis entrañas, 
hijo er corasón; 

como te acuestas te acuestas yorando, 
me acostaba yo. 

¡Malhaya mi sueño 
que tanto he dormio! 

Que s'ha guiyao mi compañerita 
y no la he sentio. 

Penas tiée mi mare, 
penas tengo yo; 

y las que siento son las e mi mare, 
que las mías no. 

¡Quién fuea pajarito, 
y abriera sus alas! 

Yo le contaré a mi compañerita 
lo que a mí me pasa. 

Si yo lo supiera 
que no me querías, 
yo renegara e Dios y me fuera 
a la Morería. 

¡Quién tubiera inero 
para mantené 

un cabayito de ésos e la posta, 
para irte a be! 

Sargo e mi casa, 
sargo mardisiendo 

jasta los santos que están en los cuadros, 
la tierra y er sielo. 

Siempre en los rincones 
te encuentro yorando; 



mala puñalá me den, compañera, 
si te doy mar pago. 

Si esto que me pasa 
le pasase a otro, 
era cosita e prebelicarse 
y gorberse loco. 

Muaron los tiempos, 
me he muao yo; 

aonde no hay escritura jecha 
no hay obligación. 

Toitas las mañanas 
m'alebanto y digo: 
er luserito que a mi m'alumbraba 
ya no está conmigo. 

Si acaso me muero 
pago con la bia; 
y no sabia ningún serujano 
er mar que tenia. 

Si supiera er sitio 
aonde la enterraron 
yo sacara tóos sus güesesitos 
para embalsamarlos. 

Tengo yo una queja 
con los artos sielos; 
cómo sin frió ni calenturita, 
yo me estoy muriendo. 

En el arma tengo 

un clabo jincao, 

como una hijita e una mala mare 

me lo ha remachao. 

Todos los mis bienes 

los pongan en benta; 

pero la chaqueta e los alamares 

por Dios no la bendas. 

Toito er simenterio 
lo traigo yo andao, 
la seportura e mi compañera 
yo no la he encontrao. 

Toitos s'arriman 
ar pinito berde, 
y yo m'arrimo á los atunales 
que espinitas tienen. 

¡Bárgame los sielos! 

¡Bárgame la tierra! 

¡Lo que acarrea un testigo farso 
y una mala lengua! 

Compañera mia, 

yo no sé qué tiene 

la yerba buena e tu güertesito 

que tan bien me huele. 


Ya bienen los frailes, 



ya bienen los curas; 

ban a yebarse a mi compañera 

a la seportura. 

Pa los esgrasiaos 
han jecho un conbento; 
er primerito que ayí se metiere 
ha e sé mi cuerpo. 

Yo preso en la trena, 
malita mi mare; 
er que jisiere carié por eya 
mi Dios se lo pague. 

Mi ropita bendo; 

¿quién la quié mercá? 

como la bendo por poquito inero, 

pa tu liberté. 

D'aqueyos quereles 
no quió yo acordarme 
porque me yora mi corasonsiyo 
gotitas e sangre. 

E noche no duermo, 
e dia tampoco; 

sólo en pensé'n la mía compañera 
me güerbo yo loco. 

Dil'usté a mi mare 

que no yore más; 

sino que ande toítos los pasos 

pa mi liberté. 

A mis enemigos 
no les mande Dios 
estas duquitas negritas e muerte 
que a mí me mandó. 

Por mi mala suerte 
he benío a dé 

con una hija de una mala mare, 
jartita e roá. 

¿Qué tienen sus ojos, 
que cuando me miran, 
los güesesitos, mare, e mi cuerpo 
tos me los lastima? 

Tú me tiés á mi 
como San Lorenzo; 
achicharrao por un lao y otro 
y siempre contento. 

Queítos los gorpes; 
queítos por Dios: 
como está mala la batita mía 
der mío corasón. 

La mardita lengua 

que de mí mormura, 

yo la cogiera por ermedio ermedio, 

la dejara múa. 



Soy desgraciaíto 
jasta pa'l andá: 

que los pasitos que yo doy p'alante 
se güerben p'atrás. 

Si en bia no me vengo, 
me vengaré en muerte; 
como andaré toas las seporturas 
jasta que t'encuentre. 


COPLAS 


Tan imposible lo jayo 
de tu queré apartarme, 
como escribí en el agua; 
de una piera sacar sangre. 

Entré en la Sala der Crimen 
y le ije ar presiénte: 

Si er queré tiene delito, 
que me sentensien a muerte. 

Si con er mirá te ofendo, 
me lo mandas a desi, 
yo me sacaré los ojos 
pa no darte que senti. 

Toito er mundo me mormura 
porque te tengo a mi lao; 
estando los dos a gusto, 
toito er mundo está pagao. 

Cuando te beo beni 
a lo lejos e una caye, 
se le aumentan a mi cuerpo, 
más e sien libras e carne. 

Más mata una mala lengua 
que las manos der berdugo; 
que el berdugo mata a un hombre; 
una mala lengua a muchos. 

Si oyes doblá las campanas 
no preguntes quién ha muerto, 
qu'a ti te lo ha e desi 
tu propio remordimiento. 

Jasta los árboles sienten 
que se le caigan las hojas; 
mira si sentiré yo 
que jablen de tu persona. 

En er carro e los muertos 
ayer pasó por aqui; 
yebaba la mano fuera... 
por eso la conocí. 

Malhaya sea la persona 
que a mí me enseñó a queré; 
que estaba yo en mi sentío 



y ahora me encuentro sin ér. 

En er queré no hay bengansa; 
tú t 1 has bengao e mí; 
castigo tarde o temprano 
der sielo t'ha e bení. 

Dies años después e muerto 
y de gusanos comío, 
letreros tendrán mis huesos 
disiendo que t'he querío. 

Una mujer fue la causa 
de mi perdisión primera: 
no hay perdisión en er mundo 
que por mujeres no benga. 

Por Dios te lo pío, gitano, 
por la salú e tu mare; 
lo que tú has jecho conmigo 
no se lo igas a naide. 

Toas las pérdias que yo tenga 
como sean por tu causa, 
sabe Dios y toíto er mundo 
que para mí son ganansias. 

Mucho tengo que isirte, 
pero me yamo ar silensio; 
harto te igo cayando 
si tienes conosimiento. 

Pensamiento ¿aónde me yebas, 
que no te pueo seguí? 

No me metas en paraje 
donde no puea salí. 

Ar pie e su seportura 
de roíyas me jinqué; 
las lágrimas e mis ojos 
se quejaban ar caé. 

A un Dibé le estoy pidiendo 
que como me matas mueras; 
que te bean mis ojitos 
queriendo y que no te quieran 

A tu queré lo comparo 
con la luz er montañés; 
le dan un soplo, la apagan, 
y otro la güerbe a ensendé. 

Manque en una cruz te pongas 
bestío e Nasareno, 

Y pegues las tres caías, 
en tus palabras no creo. 

A la reja e la carse 
no me bengas a yorá; 
ya que no me quites ducas, 
no me las bengas a da. 

Átame con un cabeyo 
a los bancos e tu cama, 



que aunque el cabeyo se rompa 
seguro está que me vaya. 

Aquer que tenga familia 
que no jable mar de naide, 
porque está expuesto en er mundo 
a que de la suya jablen. 

Compañera, no más penas, 
mira que no soy e bronse; 
que las pieras se quebrantan 
a fuersa e muchos gorpes. 

Como sabes que no beo, 
me bas poniendo con maña 
chinitas po los caminos 
pa que trompiese y me caiga. 

Yo soy como aquer nabio 
cuando lo están carenando; 
mientras más gorpes le dan 
más firme se ba queando. 

¿De qué te sirbe que jagas 
conmigo malas partías, 
si no te cabe en er cuerpo 
la sangre que tienes mia? 

Cuando se ben en la caye 
personas que s'han querio, 
se les múa la coló 
y se les quita er sentio. 

Naide s 1 arrime a mi cama 
que estoy ético e pena, 
y ar que muera e mi má 
jasta la ropa le queman. 

Pa que yo te orbíe a ti, 
tengo e be dos señales: 
o s'han e jundi los sielos, 
o s'han e secá los mares. 

Ojos mios, no yoréis; 
lágrimas, tener pasensia; 
que er que ha e sé esgrasiao 
dende pequeñito empiesa. 

Por agrabios que me jagas 
de ti no me bengaré, 
porque te bale er sagrao 
de haberte querio bien. 

Der sentio prebelico, 
y si en la caye te encuentro 
mobimiento jase el arma 
pa esapartarse der cuerpo. 

Cuando paso por tu puerta 
y no me ises adiós, 
ni las ánimas benditas 
pasan más ducas que yo. 


Por onde quiera que boy 



párese que te boy biendo; 
son las sombras del queré 
que me bienen persiguiendo. 

Quien cante teniendo penas 
como las que tengo yo, 
ése es menesté que tenga 
serdas en er corasón. 

Si los muertos se sacaran 
a fuersa e balentias, 
yo sacaría a mi mare 
manque perdiera la bía. 

Para que Dios te perdone 
er mar pago que m'has dao, 
tiene que gorbé su hijo 
a redimí tus pecaos. 

Aunque'n mil años no güerbas, 
yo seré como la mimbre, 
que la bambolea'1 aire, 
pero se mantiene firme. 

Aquer que tenga peniyas 
benga a reunirse conmigo, 
a ber si yorando sangre 
tenenos argún alibio. 

Toíto er mundo me dise 
que te orbíe y no te quiera, 
y yo le digo a té er mundo: 
-Cuando me coma la tierra. 

Aunque pongan en tu caye 
cañones de artiyería, 
er que se puso a queré, 
se puso a perdé la bía. 

Ni er Pare Santo de Roma 
jisiera lo que yo he jecho: 
dormí contigo una noche 
y no tocarte a tu cuerpo. 

Arrepentía m'eché 
a los pies d'un confesó; 
me dijo que t'orbidara; 
como un insurto me dio. 

Déjalos que digan, digan, 
y de mí formen historia; 
qu'er que se muere queriendo 
se ba erechito a la gloria. 

¿De qué la sirbe a tu mare 
echar yabe'n er corrá, 
si t 1 has de bení cormigo 
por la puerta presipá? 

Arcarrasa de tu casa, 
chiquiya, quisiera sé, 
para besarte los labios 
cuando fueras á bebé. 



¿Cuándo querrá Dios der sielo 
que yo t 1 encuentre en la caye, 
y te diga: -Mira, oye, 

¿donde pusiste la yabe? 

Cuanto más jondiyo un poso, 
más fresquita sale el agua; 
cuanto más apartaítos, 
más firme'stá mi palabra. 

Argún dia querrá Dios 

que la Pascua caiga en biernes 

y la luna en tu tejao, 

y yo en la cama en que duermes 

Yo me cojo a las raises 
qu'están ebajito e tierra, 
y a las ramas no me cojo 
porque’r biento se las yeba. 

Tienes los ojiyos grandes 
como pieras e molino, 
y parten los corasones 
como graniyos e trigo. 

Manojitos de arfileres, 
chiquiya, son tus pestañas, 
que cada vez que me miras 
me los clavas en el arma. 

Anda be y dile a tu mare, 
que si te quiere bendé, 
en la mano'stá'r dinero 
y en la puerta'r mercaé. 

Yo no sé lo que m'has dao 
que no te pueo orbiá; 
párese que estás tocao 
con la piedresita imán. 

Alza la voz, pregonero, 
y apregona que en el rio 
no hay agua para apagá 
un corasón ensendio. 

Con un pie en la seportura 
y otro en la mesmita bera, 
yo te tengo é queré 
aunque tú a mí no me quieras. 

Er queré quita er sentío 
y borra'l entendimiento; 
balentías jase un hombre 
con sujetarse a sí mesmo. 

Si después que me muriera 
tú m'habías e yorá, 
por una lágrima tuya 
me dejaba yo matá. 

Cuando yo esté'n la agonía 
siéntate a mi cabesera; 
fija tu bista en la mía, 
y puá sé que no me muera. 



Anoche ensoñé un ensueño; 
¡ojalay fuera berdá! 

Que t'estaba desatando 
la sinta der delantá. 

Toítas las arañas negras 
qu'están metía'n sus níos, 
me pique'n er corasón, 
si mi queré es fingió. 

Jasta que no t'emborrachas 
no bienes en busca mia; 
ojalay te emborracharas 
toitas las horas der dia. 

Murayas quieren ponerme 
para que yo no te bea; 
por er monte más espeso 
abren mis ojos berea. 

Ar pie de la seportura, 
ya para echarme o no echarme, 
bino la muerte, y no púo 
de tu querer apartarme. 

Sentensiao estoy a muerte 
si me ven jablá contigo; 
ya pueen mataores 
aprebenir los cuchiyos. 

Quiéreme tú a mi, hermanita, 
que primero fartará 
Ponsio Pilatos der Creo, 
que yo orbie tu amisté. 

Si er queré bien es delito, 
yama a un jues pa que me prenda 
y que me yebe a la carse, 
qu'en mi queré no hay ermienda. 

Er que bino siego ar mundo 
sin la esperansa de ber, 
no tiene tanta peniya 
como er qu'ha bisto y no be. 

Arroyo, no corras más, 
mia que no has de ser eterno; 
que t'ha de quité er berano 
lo que t 1 ha daito el ibierno. 

Cuando tú estabas malito, 
sobre tu cama me echaba; 
con lágrimas e mis ojos 
tu carita la regaba. 

Er libro de la esperiensia 
no le sirbe al hombre e ná; 
¡tiene ar finá la sentensia; 
y nadie yega ar finá! 

Cuando se muere argún probe, 
¡qué solito ba el entierro! 

Y cuando se muere un rico, 



ba la música y er clero. 


Er agüita que s'errama 
naide la pue recogé; 
ni er jumo que ba po'l aire, 
ni er créito d'una mujé 

Cada bes que considero 
que me tengo que mori, 
tiendo la capa en er suelo 
y me jarto de dormi. 

M'han dicho que estás malita 
y a Dios le pió yorando 
que me quite la salú 
y a ti te la baya dando. 

¡Suerte negra, suerte perra 
la suerte de la mujé, 
que lo qu'el arma le pie 
se lo prohíbe el debé! 

En este mundo reondo 
quien mar anda mar acaba; 
y en casa der jabonero 
er que no cae, resbala. 

A naide l'he dicho yo 
qu'he d'orbiar tu queré, 
porque si me dan duquiyas, 
no sé si te buscaré. 

Estamos en un mundiyo 
tan yeno de indiniá, 
que no tenemos más honra 
que la que nos quieren dá. 

Er que no tiene parné 
con er biento es comparao; 
que tos le juyen er burto, 
por temor d'un resfriao. 

El amor es un bichito 
que por los sacáis se mete, 
y en yegando al garlochí 
da fatiguiyas de muerte. 

¡Probe der que se ba lejos, 
que naide s'acuerda d'é! 
porque’r corasón orbía 
cuando los ojos no ben. 

Yo crié un cuerbo chiquito, 
con intensión que bolara; 
pero luego me sacó 
los ojitos e la cara. 

El hombre que no s 1 aflige 
cuando yora una mujé, 
ni ha conosío a su mare 
ni sabe lo qu'es queré. 

Yo he bisto a un hombre bibi 
con más e sien puñalás, 



y aluego lo bi morí 
con una sola mirá. 

Mientras más jondiyo un poso, 
más tarde la soga arcansa; 
amantes que s'han querío 
nunca pierden la esperansa. 

De los sabios d'este mundo, 
aquer que supiere más 
mételo tú en er queré, 
lo berás prebelicá. 

Quítate esa manteyina, 
que te quiero ber er pelo; 
que para ber una imagen 
primero se escorre'r belo. 

Yo conosí a un hombre e bien 
tan cabá como er relé, 
y se metió en er queré. 
y en un hespitá murió. 

Ar regorbé d'una esquina 
dos puñalaítas me dieron; 
con er fuego de tus ojos 
templaíyo estaba 1'acero. 

Mare, no es usté mi mare. 
que si usté mi mare fuera, 
echaría un empeñito 
y de la cárcel saliera. 

Antiguamente eran durses 
las agüiyas de la má, 
pero escupió mi gitana 
y se gorbieron salás. 

Eres un grano d'esencia, 
y m'arbiertes lo que inoro: 
que contra más guardaíto, 
más relucient 1 stá el oro. 

Er día que tú nasites 
las campanas reoblaron, 
las sepolturas s'abrieron, 
los muertos resusitaron. 

Bendita sea tu casa 
y'l arbañí que la jiso: 
que por dentro'stá la gloria 
y por fuera 1 r paraíso. 

Al arto sielo subí, 
jise escritura con Dios 
qu'er día que tú te mueras 
me tengo de morir yo. 

La gachí que yo camelo 
se l'antojao una estreya, 
y estoy fabricando un globo 
pa subí ar sielo por eya. 


Andas disiendo, chiq 



que mar tirito me den, 
y las fatigas t'ajogan 
er dia que no me bes. 

Toma, gachi, estas dos jaras; 
diñasela'r libanó, 
pa que ponga en los papires 
de que no abiyelo yo. 

Me preguntas si te quiero, 
y las fatigas m'ajogan; 
yo t 1 estoy queriendo a ti 
como a mi mesma persona. 

Der Pare Santo de Roma 
espero la excomunión, 
porque sabe que yo he dicho 
que te quiero más que a Dios. 

Ar barquiyo que'n er mar 
está pegando baibenes, 
tengo yo comparaita 
la boluntá que me tienes. 

Como los toriyos brabos 
tienes, gitana, el arranque; 
sólo t'acuerdas e mi 
cuando me tienes elante. 

¿Cómo quieres que en ti ponga 
una firme boluntá, 
si eres benta de camino 
que a todos les da posá? 

Si arguien hubiera en er mundo 
que la libertá me diera, 
me echara un jierro en la cara 
y esclabito suyo fuera. 

Ayer pasé por tu caye 
y te bide'n er barcón; 
siempre que se mira'r sielo 
se be la grasia de Dios. 

Gitaniya como yo 
no la tienes d'encontrar, 
aunque gitana se güerba 
toita la cristiandá. 

Los ojitos de mi cara 
los he perdió por ti, 
y asin que m'has bisto siego 
t'estás burlando de mi. 

Estas rejas son de bronse, 
y estas paderes de piera; 
mis amigos son de vidrio; 
por no quebrarse no llegan. 

Ar pie del armendro estube 
y no le cogi la fió, 
y asin que m'arretiré, 
otro yegó y la cogió. 



Te tengo comparaíta 
con las pieras e la caye, 
que las pisa toíto'r mundo 
y no se quejan a naide. 

Chiquiya, ¡balientemente 
te dio Dios sabiduria! 
una palabra que jablas 
bale por dosientas mías. 

Cuando te bidé bení 
le dije a mi corasón: 

-¡Qué bonita pieresita 
pa pegar un tropesón! 

Jasta la sinta der pelo 
se la di a la carselera, 
por una taya de agua 
y un ascuita de candela. 

Ar regorbé d'una esquina 
te bi la primera bés, 
y desde'ntonces te beo 
manque no te quiera bé. 

Déjame, prenda, por Dios, 
platicar, aunque sea pobre; 
que un grillo vale dos cuartos 
y con todo, se le oye. 

La pena d'un siego es grande, 
que no ve por dónde ba; 
pero más grande es la mía, 
que no sé tu boluntá. 

Ar que m'estorba quererte 
en tu caye mataré; 
si bes ar salí una crú, 
no preguntes por quién es. 

Disen que m'has de yebar 
a bibir a una montaña; 
yébame donde tú quieras, 
qu'er queré toíto lo ayana. 

Mardita sea la carse, 
seportura d'hombres bibos, 
donde se amansan los guapos 
y se pierden los amigos. 

En la carta que escribí 
argunos borrones fueron: 
no m'eches la curpa a mí; 
son lágrimas que cayeron. 

Cuando bayas a la iglesia, 
ponte un belito'n la cara; 
que los santos, con ser santos 
de los artares se bajan. 

Aunque'stoy en el presiyo 
por tus malitos quereles, 
más ganita e berte tengo 
que salí d'estas paredes. 



Tengo yo mi corasón 
dentro del cuerpo quemao, 
porque me dise la gente 
qu'á los perros t 1 has echao. 

Si tú tubieras bergüensa 
y tubieras garlochi, 
te se cayera la fila 
cuando pasas por aqui. 

Andas jugando conmigo 
como quien juega ar biyá, 
y he de jasé una contigo 
que tiene de ser soná soná. 

Como gayinita muerta 
que ruea en los mulaares, 
te tienes que be, serrana, 
sin que te camele naide. 

Jasta los hombres más guapos 
toítos se güerben chiquillos, 
cuando ensima del ayunque 
se le remachan los griyos. 

Considera por ti propio 
y ponte tú a carculá, 
su tú con otro me bieras, 
qué t'habias de pensá. 

¿A qué tienes esos clisos 
siempre pa'r suelo mirando, 
si eres capás e sacarle 
los dientes a un ajorcao? 

Tú has jablaiyo mar de mi; 
yo de ti no he dicho ná; 
que las campaniyas suenan 
según tienen er metá. 

Me puse'ajondar un poso 
con mucho gusto y plasé; 
me salió amarguita'el agua, 
l'eché tierra y lo segué. 

Mientras más jabíes, más pierdes 
qu'eres como las gayinas, 
que se ponen a escarbá 
y s'echan la tierra ensima. 

En argún tiempo era yo 
de tus paeres simiento, 
y ahora soy un esconchao 
que se cae con er biento. 

Yo tenia una biñita, 
la poaba y la cababa, 
le daba su laborsita, 

¡y otro me la bendimiaba! 

Premita Dios que te beas 
en un hespitá rabiando, 
y no tengas más consuelo 



qu'er que yo te baya dando. 

Bestia de negro luto 
t'he de ber por esas cayes, 
y t 1 has de jincá e roíyas 
pa que me pare y te jable. 

Si la Inquisisión supiera 
lo mucho que t'he querío 
y er mar pago que m'has dao 
te quemaban por judio. 

Pieresitas e la caye 
se güerban granos e sá 
y me caigan en los ojos, 
si yo te güerbo a mirá. 

Biendo que no me querias 
compré un aborresimiento, 
y jise tan güen mercao 
que t'aborresi ar momento. 

Entre la hostia y er cális 
a mi Dios se lo pedi: 

¡Que t'ajoguen las fatigas 
como m'ajogan a mi! 

Tú te fuiste por tu gusto; 
naide t'ha echao a la caye; 
ahora pa jablá cormigo 
nesesitas memoriales. 

Aquer que tubo la curpa, 
mare, de mi perdisión, 
a cachitos se le caigan 
las alas der corasón. 

Como corderiyo manso 
m'has de heñir a buscá, 
como el agua busca ar rio 
y er rio busca a la má. 

Yo estoy perdia y m'alegro 
de berte perdió a ti; 
y otro perdió s'alegra 
de berme perdia a mi. 

Yo no te quió a ti pa ná; 
te bienes jasiendo grande, 
y eres la piera más chica 
que yo trompieso en la caye 

Anda, bete; corre, bete, 
que ya se me fué'l amó; 
quien s'ha comio la yema 
que se coma er cascarón. 

El hombre para ser hombre 
nesesita tres partías: 
jaser mucho, jablar poco, 
y no alabarse en su bía. 

Por cositas que me jagas 
no me s'arborota er pecho; 



las cosas s'han de tomar 
conforme son los sujetos. 

Ya he lograíyo mi gusto, 
qu'era lo que yo quería; 

¿qué cuidiao me da a mí 
que jagas chungas partías? 

A mi triste corasón 
las fatiguiyas le ajogan, 
y no tiene más descanso 
que'r rato que por ti yora. 

Anda disiendo tu mare 
que yo a ti t 1 h'entretenío, 

¡y te tengo apuntaíya 
en er libro del orbío! 

Camisita de mi cuerpo, 
ya no te labas con agua; 
que te labas con er yanto 
que mis ojillos erraman. 

Corasón mío, no yores 
ni te muestres afligió; 
que lo que ha sío y no es, 
como si no hubiera sío. 

A la mar fueron mis ojos 
por agua para yorá, 
y no tubieron bastante, 
y se gorbieron p'atrás. 

Yo no m'he muerto de pena, 
porque no he sabio sentí; 
a mi corto entendimiento 
l'agraesco yo er bibí. 

Tiro piedras por la caye; 
ar que le dé que perdone; 
tengo la cabesa loca 
de tantas cabilasiones. 

Todo aquer que dise ¡ay! 
es señar que l'ha dolío; 
y yo digo: ¡Ay, ay, ay, 
ay, probe corasón mío! 

Corre y dile a esa mujé 
que a mí no traiga en boca, 
que una bes que le di un beso 
por poco se güerbe loca. 

Si las lágrimas que yoro 
se me gorbieran ladriyos, 
enmedio der mar salao 
jisiera un fuerte castiyo. 

Soy una pobre donseya 
que no me meto con naide, 
y por mor de malas lenguas 
tengo mi honor en el aire. 


¿Cómo quieres que la orbíe, 



si le he dado tantos besos 
como yeba un relicario 
cuando va de pueblo en pueblo? 

En er mundo no s'ha bisto 
mujé de mi caliá; 
que tengo er semblante alegre 
y la sangre achicharrá. 

Tendió sobre una estera, 
vestio con la mortaja, 
si te viera entrar a ti, 
de fe que resusitaba. 

Los pasitos que yo doy, 

¡qué murmuraitos son! 

¡Cuántos tropiesan y caen 
y no los murmuro yo! 

Jise un joyito en l'arena 
y enterré mi pensamiento; 
por no descubrirme a naide, 
martirio le di a mi cuerpo. 

Fui sirguero desgrasiao, 
qu'apenas sali der nio 
me cogieron los muchachos; 
por dos cuartos fui bendio. 

¡Bárgame un Dibé, que tengo 
ojitos e beriera! 
aondequiera que los pongo, 
biene'er biento y me los quiebra. 

Por entre espinas y abrojos 
descarso m'atrebo a entré, 
por quitarle los enojos 
y gorber a tu amisté. 

No sé qué l'he jecho a Dios, 
que toito me sale'n contra; 
que me tiro d'una oreja 
y no m'arcanso a la otra. 

Por ti y por mi lo dijeron, 
qu'ar cabo e los años mir 
ban otra bes las agüitas 
por donde solian dir. 

¡Qué amariyita qu'estás 
y qué yenita de ojeras! 

Yo te gorberé a queré, 
que no quiero que te mueras. 

Premita Dios de los sielos 
que te güerbas'acordé 
de la que te quiere tanto 
como los peses ar má. 

Me mandaste una carta 
con una sintita asul; 
no quiero carta ni sinta, 
que quiero que bengas tú. 



Por consejos que m'han dao 
no m'han podio bensé, 
y tú con uno tan sólo 
t'apartas de mi queré. 

Ben acá, mala gitana, 

¿qu'es lo que quieres de mi, 
si ando pidiendo limosna 
pa que ná te farte a ti? 

Hay quereles de capricho, 
hay quereles de ilusiones, 
hay quereles que s'arquilan 
como las habitaciones. 

Quiero gosar de mi tiempo, 
supuesto qu'ahora me bale; 
Porque’r día de mañana, 
ése no lo ha bisto naide. 

¿Qué quieres que yo le jaga 
lo que remedio no tiene?... 
Aguanta como yo aguanto 
y benga lo que biniere. 

Unos ojos negros fueron 
causa de mi enfermeá; 
no quiero más ojos negros, 
que me tiran a matá. 

Si supiera o entendiera 
qu'er só que sale te ofende, 
con er só me peleara, 
aunque’r só me diera muerte. 

De noche me sargo ar campo, 
y en er sitio aonde me siento 
jasta las yerbas que piso 
se secan de sentimiento. 

¡Ay, carse, qué mala eres! 
¡Siempre te maldesiré! 

Entré sin pelo de barba 
y capuchino saldré. 

En la soledá der campo 
me puse a yorar mis penas, 
y fue tan grande mi yanto 
que floresieron las yerbas. 

Señor alcarde mayor, 
no prenda usté a los ladrones, 
porque tiene usté una hija 
que roba los corasones. 

Cualesquiera que me biere, 
dirá que no siento ná; 
la carnesita e mi cuerpo 
a peasitos me se ba. 

Anda bete con er mundo, 
qu'er mundo te dará er pago; 
que también er mundo arregla 
ar que anda desarreglao. 



Ábreme la seportura, 
que me quió yo meté dentro; 
que una mujé'sagrasiaíta 
la comparo con los muertos. 

Envidia tengo a la tierra, 
y también a los gusanos 
que se tienen de comer 
ese cuerpo tan gitano. 

De los güesos de mi cuerpo 
tengo d'haser una crus 
y m'he d'enclabar en ella, 
pa que Dios te dé salú. 

Toito er mundo traigo andao 
buscando tu bienestá, 
y a una puerta no m'arrimo 
que no esté clabeteá. 

S'acabaron mis purmones; 
no los pueo reponé; 
estoy ética y me muero 
por causa de tu queré. 

Er sielo se bistió e luto; 
la tierra s'echó a temblé; 
las campanas reoblaron; 

¡muera quien mar pago da! 

Arbolito, te secastes 
teniendo'1 agüita ar pie, 
en er tronco la firmesa 
y en la yemita er queré. 

A l'Audensia ban dos pleitos, 
uno berdá y otro no; 
la berdá perdió el juisio, 
qu'er dinero lo mandó. 

Compañerita der arma, 

¡qué penita pasa aquer 

que tiene el agua en los labios 

y no la puede beber! 

Una granaiya abierta 
fue la causa de mi má; 
sin habérmela comío, 
me la jisieron pagá. 

Cuando t 1 encuentro en la caye 
er sentío me se quita 
y m'agarro a las paeres, 
jasta perderte de bista. 

Gitana, si te murieras... 

¡Pero más bale que no! 

Las gitanas s'asombraran 
der luto qu'echara yo. 

M'han dicho qu'estás malita, 
chiquiya, y que ya t'has muerto 
yo te resusitaré 



con er caló de mi pecho. 


Cuando te beo bení 
jasta'l arma se m'alegra; 
no te sargo a resibl, 
por mó de las malas lenguas. 

A mi corasón l'han dao 
jier y binagre a bebé, 
y con gusto lo ha tomao 
por no dejá tu queré. 

Si con bendé yo mis carnes 
tubiera alibio tu pena, 
a la bos der pregonero 
por las cayes se hendieran. 

No porque t'haigas casao 
juyas e la bera mía; 
yo te tengo e queré 
toíto er resto e mi bía. 

Si yo tubiera dinero 
como tengo boluntá, 
po onde quiera que pasaras 
te tenía e repicá. 

¡Qué lástima será er ber 
la prenda que un hombre estima 
en manos de otro gaché, 
por ser un hombre gayina! 

¡Bárgame Dios de los sielos, 
qué penosiyo es mi má! 

T'estoy queriendo a montones, 
y tú no me quieres ná. 

Raíses como'l olibo 
ba criando mi queré; 
más raíses tiene ahora 
que cuando lo prinsipé. 

Muchas beses yo pensando 
en er queré que te tengo, 
me yamo a mí y me pregunto 
en qué bendrá a parar esto. 

Me tienen aborresía 
porque sigo tu amistá; 
sólo porque ésa es la tema, 
te tengo de querer más. 

Si yo abiyelara er mando 
que un Dibé le dio a la muerte, 
yo quitara d'este mundo 
ar que m'estorba er quererte. 

Porque yo te quiero, disen 
qu'estoy loquiyo perdió; 
si to'r que quiere'stá loco, 
dime quién gasta sentío. 

Si se gorbieran luseros 
los besitos que t 1 he dao 



paresiera tu carita 
un sielesito estreyao. 

Anda be y dile a tu mare 
que te pele y que te monde, 
que te güerba a dá la teta 
y que t'enseñe a ser hombre. 

Yo no sé lo que l'ha dao 
esta chiquiya a mi cuerpo, 
que jago por orbiarla 
y más presente la tengo. 

Escuch'usté, mosa güeña, 
no gast'usté fantesía; 
qu'er carro de la basura 
también yeba campaniyas. 

Agua menuita yuebe, 
pronto caerán las canales; 
ábreme la puerta, sielo, 
que soy aquer que tú sabes. 

Pa los hombres se jisieron 
los griyos y las caenas: 

¡Biba to aquer que las sufre 
por una cara morena! 

Tan imposible la jayo 
en ti una mala partía, 
como er jaser un bautismo 
en tierra de Morería. 

Jasta er mueye fuimos juntos 
y platicando los dos, 
y ¡ayí fueron los lamentos, 
cuando eya me dijo adiós! 

Premita Dios que te mueras, 
y que t'entierren de barde, 
y te tapen la carita 
pa que no te la bea naide. 

Yo no he visto en er mundiyo 
mujé de tu naturá: 
que por está bien cormigo, 
con toíto er mundo estás mal. 

Desde que me fi ar serbisio 
y que mi tierra dejé, 
no pienso más qu'en mi mare 
y en la mujé que yo sé. 

Si jayara una hechisera 
que me quisiera yebar 
donde está er bien de mi bía, 
yo le pagara el jorná. 

Todo el hombre que se casa 
se párese ar caracó, 
que se echa una casa a cuestas 
con más fatigas que Dios. 


Yo vivo de lo que como 



y bebo lo que me dan, 
pero masco argunas cosas 
que no las pueo tragá. 

Más baila qu'entre cuatro 
te yebaran a la ilesia, 
que no que otro te gosara 
delante de mi presensia. 

Anda bete con la otra, 
supuesto que l'has querío, 
que yo sembraré en mi güerto 
la semiya del orbio. 

Er juramento mi niña 
lo escribió sobre l'arena; 
lo que en la arena se escribe 
biene'l aire y se lo yeba. 

Los ojitos de tu cara 
no los güerbo yo a mirá, 
porque sé que tienes otra 
puestesita en mi lugar. 

¡Malhaya de la beleta 
qu'está en lo arto e la torre! 
biene un aire, biene otro, 
y a toítos les corresponde. 

Anda bete noramala; 
ya m'he cansado d'amarte; 
qu' eres faror de retreta 
que 1' alumbras a todas partes. 

Mis ojos fueron testigos 
de berte con otro hablá; 
si no berdá lo que digo, 
no bea la claridá. 

Si yo supiera las pieras 
que mi amor pisa en la caye, 
las gorbiera der rebés, 
que no las pisara naide. 

Gitana, si tú me quieres 
y me tienes boluntá, 
ar gachó que te camela 
dile que no güerba más. 

Por Dios te pido, bien mió, 
que cuando con otra estés, 
no le jagas los cariños 
que a mi me sueles jasé. 

Er que muere sin probá 
er queré d'una morena, 
se ba d'este mundo al otro 
sin sabé lo qu'es canela. 

Las estrellitas del sielo 
no pueden estar cabales, 
porque en su cara mi niña 
tiene las dos prensipales. 



No me armiro que seas mala, 
porque te biene d'herensia; 
que a ti te dan tentasiones, 
como ar judio en la ilesia. 

Yo soy gitanito puro 
por tóos los cuatro costaos; 
si tengo malas partías, 
de ti me s'habrán pegao. 

Por ti abandoné mis hijos; 
mi mare loca murió; 
ahora m'has dejao tú... 

¡No tienes perdón de Dios! 

Mira que no soy de aqueyas 
que ban por los olibares, 
con er pañuelo en la mano 
yamando a los melitares. 

En la pila der bautismo 
comensó nuestra amistá: 

¡Quién había e desí 
que s'había d'acabá! 

Ya yo he caío en desgrasia; 

¿qué le tenemos d'hasé? 

Santitos que yo pintara, 
demonios tienen que sé. 

Espinita grande era 
la que le saqué ar león; 
siendo fiera me lamía; 

¡mira si lo agradesió! 

Aquer que tiene peniyas 
se le conose en la cara; 
a mí las mías m'ajogan 
y naide me las pinchara. 

Pierde el perro y pierde el pan 
quien da pan a perro ajeno; 
yo no te he dao a ti el pan, 
pa no perdé más que el perro. 

Yo quise pesá mis penas, 
pero ya no púo ser; 
por más que yo la buscaba 
la pesiya no encontré. 

Camino de no sé dónde, 
van mis suspiriyos tristes; 
como ban en busca tuya, 
no hay mata que no registren. 

A tu queré lo comparo 
con los días de inbierno; 
ya se nubla, ya s'clara, 
ya yuebe, ya jase güeno. 

Yo digo que no hay locura, 
porque si locura hubiera, 
amarrao a una coluna 
mi cuerpesito estubiera. 



Tengo una pena cormigo 
que a naide se la diré; 
lo jondiyo de mi pecho 
su seportura ha de sé. 

No presumas cosas malas 
aunque me bes amariya: 
son ducas der garlochí 
que me salen a la fila. 

Anda be y dile a tu mare, 
si me despresia por probe, 
qu'er mundo da muchas güertas 
y ayer se cayó una torre. 

Lo mismito que aquer perro 
que anda siempre por la caye 
buscando güesos que tiran, 
has de andá tú por buscarme. 

De lejiyos que te bea 
me s 1 alegra er corasón; 
donde se jiso candela, 
siempre senisa queó. 

Mira por tus alabansas 
er castigo qu'has tenío; 
er que más jabla más pierde, 
como a ti t'ha suseío. 

¿Quieres que m'esté cayá 
y a mi lengua l'eche un núo? 

Son tus cosiyas capases 
de j sé jablar a un múo. 

Tu mare no ha sío güeña; 
tú tampoco lo serás; 
de mar trigo, mala harina; 
de mala harina, mar pan. 

Aunque me bes chiquitita 
y tú tan arto te bes, 
no pienses que soy escoba 
que cormigo has de barré. 

Por interés der dinero 
te fuiste de la cabeza; 
digistes qu'eras gitana; 
te gorbistes montañesa. 

Er tambó es tu retrato; 
que mete mucho ruio, 
y se mira por dentro 
s'encuentra qu'está basio. 

¡Ay, por Dios, que eso es matarme 
eso es quitarme la bia; 
eso es echarme a la caye 
como cosiya perdía! 

¿Cómo quieres que te quiera, 
si siempre m'estás pegando, 
como si mi cuerpo fuera 



de pieresiya de marmo? 


Anda ve y dile a tu mare 
que no jable mar de mí; 
que pérdias y ganansias 
toítas caerán sobre ti. 

¿Tienes baló, compañero, 
d'orbiarme a sangre fría, 
cuando se le toma ley 
a un perriyo que se cría? 

Jasta er corasón me duele 
de rogarte por la pas, 
y aluego me píes tregua, 
dempués e la guerra armá. 

¡Contigo y siempre contigo! 
¡Contigo jasta er morí! 

Pero con tu mare no, 
que ha jablaíyo mar de mí. 

Ahora que soy el ayunque 
me presisa el aguantó; 
si argón día soy martiyo, 
bien te puees preparó. 

Si porque bes que te quiero 
jasta'l habla m'has negao, 
¡anda con Dios, compañera, 
qu'er mundo no s'h'acabao! 

Son tan grandes mis fatigas, 
que me tirón a ajogá; 
se siguen unas a otras 
como las olas der má. 

No sé cómo ya no estoy 
con caenas amarrao 
mardisiendo mi fortuna, 
ar paraje qu'he yegao. 

Tiene'r corasón más negro 
qu'er cuerbo tiene la pluma; 
que a un hijito e tu sentrañas 
l'has tiraíyo a la Cuna. 

Como pases por mi puerta 
y m'eches una miró, 
si tienes sangre en las benas, 
te tiés qu'echá a yorá. 

¿Con qué ojitos me mirastes, 
que tan bien te paresí 
y tan pronto me orbiartes? 
¿Quién t 1 ha jablao mar de mí? 

Dentro der pechito tengo 
un entierro bien formao: 
mi corasón es el muerto; 
tu querer me lo ha matao. 

¿De qué te sirbe, chiquiya, 
que te pases sin jablarme, 



si las fatigas t'ajogan 
y has de benir a buscarme? 

Grande facurtá te di 
en haberte daito er mando, 
y ahora me beo, compañera, 
castigaito e tu mano. 

Siéntate y ponte a pensá 
lo mucho que t'he querio, 
y horas tendrás en la noche 
que te se borr'er sentio. 

Ben acá, mala flamenca, 

¿no t'ha quedao en er cuerpo 
una gotiya e sangre 
que te jaga mobimiento? 

Manque me vea en dos palos, 
y un capuchino a los pies, 
y una soguiya ar pescueso, 
yo siempre te he de queré. 

Cuando me siento a la mesa 
y en ti me pongo a pensá, 
tiro er pan y la comía 
de fatigas que me dan. 

Dises que no me puees bé; 
er remedio está en tu mano; 
dondequiera que me bieres 
jarme la crus como ar Diablo. 

Premita Dios que te beas 
aborresía y queriendo, 
y que las ducas te roan 
las entrañas de tu cuerpo. 

Anda disiendo tu mare 
qu'eres tú mejó que yo; 
y ni eya que t'ha parió, 
ni er pare que te engendró. 

Otras beses, compañera, 
pasaba ducas por ti; 
pero ha yegaíto el tiempo 
que tú las pases por mí. 

Esta gitana está loca; 
quiere que la quiera yo; 
que la quiera su marío, 
que tiene la obligasión. 

Cuando paso por tu puerta 
compro pan y boy comiendo, 
pa que no diga tu mare 
que con berte me mantengo. 

En siertas conbersasiones 
t'has puesto y m'has despresiao 
te quisiera preguntar 
quién conmigo t'ha brindao. 

M'han dicho qu'andas jasiendo 



pesquisas de mi linaje: 
si tú tienes, yo no tengo 
ramiya que me s'esgaje. 

Si mi corasón tubiera 
berieritas e cristá, 
t'asomaras y lo bieras 
gotas e sangre yorá. 

Ayer tarde sali ar campo 
a yorá por mi sentir, 
y a un arbo que m'escuchaba 
se le secó la rais. 

A un Dibé 1'estoy pidiendo 
que me diñe resistensia; 
que para bregar contigo 
ya me falta la pasensia. 

¡Muchachos, apedrearme; 
salir, perros, y morderme; 
que una niña d'esta caye 
m'ha dicho que no me quiere! 

Por farsa y por retrechera, 
mis ojitos t 1 han de bé 
e puerta en puerta pidiendo 
limosna por un Dibé. 

Si las pieras de tu caye 
tuvieran conosimiento, 
cuando me vieran veni 
yoraran de sentimiento. 

He pensao, compañera, 
de no jablarte'n la bia, 
pa que no diga tu mare 
que por mi te bes perdia. 

¿No hay quien me pegue un tirito 
que me parta er corasón?... 

Estoy bibiendo en er mundo 
con muchisima esasón. 

Si la lengua te se seca 
con aire de perlesia, 
no 1'eches la curpa a naide, 
que son mardisiones mias. 

Mi mario tengo preso; 
yo estoy en el hespitá; 
er pie por mi salú, 
y yo por su libertó. 

Me dise mi garlochi 
que no publique mis penas: 
naide se cuida en er mundo 
de las duquitas ajenas. 

Si en la muerte descansara, 
yo mismo me la darla; 
qu'er que nase desgrasiao, 

¿para qué quiere la bia? 



Er día que tú me quieras 
lo mesmo que yo te quiero, 
dímelo poquiyo a poco, 
porque, de prisa, me muero. 

Desirme a mí que te orbíe, 
es predicá en desierto, 
machacá en jierro frío, 
y platicá con los muertos. 

Se murió, y sobre la cara 
un pañolito la eché, 
pa que no tocara tierra 
boquita que yo besé. 

En la cara te conosco 
que me quieres orbiar; 
en el Padre nuestro dise: 
«Jágase tu voluntó.» 

En er sementerio entré; 
le dije ar seporturero 
si hay un sitio señalao 
pa los que mueren queriendo. 

Si por esos andurriales 
t'encuentras a mi chiquiya, 
dile qu'estoy trabajando 
pa sacarla de peniyas. 

Pensaba la muy tontona, 
pensaba que yoraría: 
no sabe qu'en la taberna 
benden cañas d'alegría. 

Si mi mare no me casa 
para er domingo que biene, 
le pego fuego a la casa 
con toíto lo que tiene. 

Yo tengo comparaíta 
la mujé con er cabayo; 
qu'es menesté güen jinete 
pa quitarle los resabios. 

Si la sangre de los hombres 
guisaíta se comiera, 
no hubiera mujé'n er mundo 
que no fuera cosinera. 

Quien de arpargatas se fía 
y a mujeres hace caso, 
no tendrá un cuarto en su bía 
y siempre andará descarso. 

La siruela y la mujé 
tienen la mesmita farta: 
no cogiéndolas a tiempo, 
siruela y mujé se pasan. 

Cuando salí de mi tierra 
s'echó mi agüela a yorá: 

-¡Qué lástima de mi niño, 
que me lo ban a engañó! 



Una bieja bale un duro 
y una muchacha dos cuartos; 
yo, como soy probesito, 
me boy a lo más barato. 

Er demonio son las purgas, 
que no tienen religión; 
s'acuestan con las mosuelas, 
lo que no consigo yo. 

Con un biscocho d'a cuarto, 
y un buchito d'agua fria, 
y un beso d'una muchacha, 
tiene un hombre su comia. 

Una viuda me busca; 

por Dios que yo no no la busco 

el que se comió la uba, 

que se coma los rebuscos. 

Disen que m'has de matar 
con un cuchiyo d'arrope. 

¡Jesús, qué muerte tan durse, 
si lo clavas po'r gañote! 

Dises que no te conosco, 
porque m'hago er tonto y cayo; 
júrgame un poco a la ropa 
y berás un papagayo. 

Yo he bisto ar demonio un dia 
perder pies po una mujé: 
mientras más tuno es un hombre 
más pronto se quean con é. 

A mi me yaman er tonto, 
porque me farta un sentio; 
a ti te farta otra cosa, 
que er tonto se l'ha comio. 

A mi mujé en la lengua 
le mordió un perro rabioso; 
enseguia busqué ar perro 
y lo atraqué e biscochos. 

Ebajo de tu ventana 
tengo un ochabo escondió; 
no se lo igas a naide, 
mira que somos perdios. 

Tengo un mario seloso 
que no me deja bibi; 
de ese mar que se resela, 
de ese mesmo ha de mori. 

Ayer tarde m'aserqué 
a tu puerta a darte un laso, 
y el animar de tu pare 
me tronchó d'un estacaso. 

Cuando estoy de sentinela 
y te pones junto a mi, 
me s'orbia la consinia 



y me s'ispara er fusí. 


El amor de esta gitana 
yo no lo pueo entendé; 
que un día me quiere mucho, 
y otro no me puee ver. 

Apaga bien la candela 
sin dejá ningún rescordo; 
que como sarte una chispa, 
jabrá un disgusto mu gordo. 

La gachí qe yo camelo, 
si otro me la camelara 
sacara mi nabajita 
y er pescueso le cortara. 

Premita Dios que te beas 
sin chaqueta y sin carsones, 
en una jiguera chumba 
espantando gorriones. 

Si me s 1 ajuma er pescao 
y desenbaino er cuchiyo, 
con cuarenta puñalás 
s'arremata el asuntiyo. 

No me chifles en la caye 
pa que sarga'la bentana. 
que si mi pare s'entera 
me ba'surrá la badana. 

Una nobia tube yo 
qu'había pensao dejarme; 
yo le partí er pan con tiempo, 
antes que le diera jambre. 

Anda disiendo tu mare 
que s'alegra de mis penas: 

¡Ya está metiendo la pata 
y otabía no es mi suegra! 

Hombre pobre güele a muerto, 
a la joyanca con é; 
qu'er que no tiene pesetas, 
requiescan in pase, amén. 

Mientras haya quien te dé, 
no pases nesesiá; 
harto trabajillo tenga 
er que tenga que cobrá. 

Tú no me pagas la casa; 
tú no me das de comé; 
me bienes pidiendo selos; 

¿a fundamento de qué? 


SERRANAS 


Me dijiste veleta 



por lo mudable; 
si yo soy la veleta, 
tú eres el aire. 

Que la veleta, 

si el viento no la mueve, 

siempre está quieta. 

Nadie ponga su vila 
junto a un camino, 
porque todo el que el que pasa 
corta un racimo. 

Y de ese modo 

se la van vendimiando 

sin saber cómo. 

El amor que se oculta 
bajo el silencio, 
hace mayor estrago 
dentro del pecho. 

Porque sus llamas, 
como no hallan salida, 
queman el alma. 

Para buscar la dicha, 
valor constante; 
nunca se escribió nada 
de los cobardes. 

Pues hay fortunas 
que no pueden hallarse 
si no se buscan. 

Quien ganar solicite 
de amor la palma, 
gaste poco cariño, 
buenas palabras. 

Porque las hembras, 
más que cariño, quieren 
palabras buenas. 

Lo mismo que la sombra 
son las mujeres; 
huyen del que las sigue, 
y a que huye, quieren. 

Yo las entiendo: 
si me siguen, aguardo; 
si huyen, las dejo. 

Si un matrimonio riñe, 
no metas paces; 
quien armó la pendecia 
que la desarme. 

Que en tales riñas, 

con lo que al uno amansas 

al otro irritas. 

El que quisiere amando 
vivir sin pena, 
ha de tomar el tiempo 
conforme venga. 

Quiera querido, 
y cuando le desprecien, 
haga lo mismo. 


Es la mujer lo mismo 



que leña verde; 
resiste, gime, llora, 
y al fin se enciende. 
Luego encendida, 
ni resiste ni llora, 
sino suspira. 

Si los ojos callasen 
lo que los labios, 
algunos encubrieran 
más sus cuidados. 

Mas son ventanas 
los ojos, y por ellas 
se asoma el alma. 

Las mujeres de ahora 
son como libros, 
que por nuevos se compran 
y están leidos. 

Y muchos de ellos, 
estando remendados, 
pasan por nuevos. 

Si te preguntan, niña, 
a quien adoras 
primero morir mártir 
que confesora. 

Que el que confiesa 
tiene siempre segura 
la penitencia. 

Para olvidar amando, 
no hay más remedio 
que nuevo amor, o mucha 
tierra por medio. 

Que estando ausente, 
se olvida lo pasado 
por lo presente. 

Es amor un deseo, 
que durar suele 
el tiempo que se goza 
lo que se quiere. 

Pero en logrando, 
lo que antes agradaba 
va fastidiando. 

Las torres elevadas 
son muy expuestas 
a sufrir los efectos 
de las tormentas. 

Porque los rayos 
buscan los edificios 
más elevados. 

Es el amor un monte 
muy elevado, 
y a la cumbre se sube 
con gran trabajo. 

Y estando arriba, 

es peligrosa y fácil 
cualquier caida. 


Cuando voy a la casa 



de mi chiquilla, 

se me hace cuesta abajo 

la cuesta arriba. 

Y cuando bajo, 

se me hace cuesta arriba 
la cuesta abajo. 

Amar sin que el amado 
nos corresponda, 
no hay duda de que es fineza, 
pero muy tonta. 

Que estas finezas, 
en lugar de estimarse, 
se menosprecian. 

Mirando al firmamento 
dijo una niña: 

-Los gustos de este mundo 
vienen de arriba. 

Y dijo el majo: 

-Unos vienen de arriba 
y otros de abajo. 

Mas quiero un desengaño 
que me confunda, 
que no vivir penando 
con una duda. 

Es amor una senda 

tan sin camino, 

que el que va más derecho 

va más perdido. 

Más quisiera contigo 
vivir en guerra, 
que estar en paz con otra 
que me quisiera. 


CANTARES 


El verte me da muerte, 
y el no verte me da vida; 
más quiero morir y verte, 
que no verte y tener vida. 

Yo quiero a quien no me quiere, 
que es la gracia del querer; 
que querer a quien nos quiere, 
eso es por el interés. 

Perdón me pidió el vergugo, 
no se lo quise negar; 
la Justicia no perdona, 
y perdona el criminal. 

Cuando sumo tus desdenes 
y resto mis esperanzas, 
se multiplican mis penas 
y se divide mi alma. 


Tengo una pena, una pena, 
que casi puedo decir 



que yo no tengo la pena; 
la pena me tiene a mi. 

Cuando quise no quisiste, 
y ahora que quieres no quiero; 
gozarás el amor triste, 
cual yo lo gocé primero. 

El tiempo con el amor 
hicieron una contrata, 
y lo que el amor dispone 
el tiempo lo desbarata. 

La dama que quiere a dos, 
no es tonta, que es advertida; 
si una vela se le apaga, 
otra le queda encendida. 

Desde aquel primer instante 
que abre el corazón sus puertas, 
aunque las burle un amante, 
las suele tener abiertas. 

Aquel si viene o no viene, 
aquel si sale o no sale, 
en los amores no tiene 
contento que se le iguale. 

Fuiste mi primer amor, 
tú me enseñaste a querer, 
no me enseñes a olvidar, 
que no lo quiero aprender. 

El tiempo y el desengaño 
son dos amigos leales, 
que despiertan al que duerme 
y enseñan al que no sabe. 

Aquel que empieza una obra, 
razón será que la acabe, 
para que nunca se diga 
que la dejó por cobarde. 

Al paño fino en la tienda 
una mancha le cayó, 
y se vendió más barato 
porque perdió su valor. 

No serás tú el primer hombre 
ni yo la primera mujer 
que se quieran y se olviden 
y se vuelvan a querer. 

Nadie descubra su pecho 
por dar alivio a su pena, 
que quien su pecho descubre, 
por su boca se condena. 

Aquel que nunca fue cosa 
y que cosa llega a ser, 
quiere ser tan grande cosa, 
que no hay cosa como él. 


Entre usté, que estoy sólita 



y mi madre está en la calle; 
le pondré a usté una sillita, 
que nadie se come a nadie. 

Dices que me quieres mucho 
y que te mueres por mi: 
muérete, que yo lo vea, 
y entonces diré que si. 

No pienses que yo te quiero 
porque te miro a la cara; 
que muchos van a la feria 
a ver, y no compran nada. 

Me quisiste y te quise, 
me olvidaste y te olvidé: 
los dos tuvimos la culpa, 
tú primero y yo después. 

El amor de la mujer 
es como el de la gallina, 
que en faltándole su gallo 
a cualquier otro se arrima. 

El amor del hombre pobre 
es como el del gallo enano, 
que en querer y no alcanzar 
se le pasa todo el año. 

Doce gallinas y un gallo 
casi siempre están conformes, 
y casi nunca lo está 
una mujer con un hombre. 

Hasta la leña en el monte 
tiene su separación: 
una sirve para santos, 
y otra para hacer carbón. 


APÉNDICE 

COPLAS 


Er dia que tú naciste 
er sol se visitió de limpio, 
y hubo en er sielo una juerga 
que bailó hasta Jesucristo. 

Todo el hombre que se casa 
con una mujer bonita, 
hasta que no llega a vieja 
el susto no se le quita.